Otra salida de la que no esperaba gran cosa.
Por un lado atravieso un momento malo de forma que me tiene rayado.
Por otro la peste porcina se cierne sobre mis territorios y está prohibido atravesar nuestros bosques.
Por otro, anteayer pasé un día con fiebre que tampoco sé de donde venía, ya que al día siguiente nada de nada.
Así que me decido por un Rio Llobregat, que hace mucho que no surco.
La hora tampoco me preocupa, así que salgo bastante más tarde de lo habitual.
El ritmo me la pela, se trata de sumar y ganar sensaciones.
Y como se ha notado que Collserola y 60 poblaciones tienen vetado el acceso a las montañas.
El Rio Llobregat estaba abarrotado.
En algunos puntos como el Pont del Diable he tenido que hacer cola para poder pasar.
Eso sí, en su mayoría graveloides de estos que se han puesto de moda.
Como anécdotas un par.
La primera es que a pesar de salir de mi castillo con la talega vacía, sobre el kilómetro 15 he comenzado a tener como necesidad de vaciar de nuevo las cañerías de aguas mayores.
El problema es que en el Rio Llobregat es complicado localizar un WC rústico, y más hoy que estaba anegado de personal.
Así que a pesar de meterme en algunos senderos minúsculos buscando un retrete natural, no me vi con agallas de poner mi culito desnudo al aire, para evitar ser observado.
La segunda anécdota es que de nuevo, como en otras 2 ocasiones anteriores, me he cruzado con el bueno de Fran, un compi que curra conmigo en Esparta fabricando carros de madera.
Y poco más de sí ha dado el día.
La Pija Estroboscópica me está fallando últimamente más de lo deseado y pronto tendré que pasarla por taller.


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Malditos jabalís.
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