Dejamos atrás las rutas llanas mitocóndricas que tan bien sientan al Mosquito, para elevarnos un poco por encima de Esparta a petición de Vicente.
Y es que Vicente, siempre anda caliente.
Es culo inquieto, y aunque esté cansado, él siempre quiere más.
Empezamos como siempre y acabamos como siempre.
De inicio el ritmo era maravilloso.
Nuestras mitocondrias se frotaban las manos.
Sus ojos reflejaban la felicidad en su estado puro.
Vicente era capaz de mantener el ritmo mitocóndrico durante más de 2 minutos seguidos.
Pero Mosquito, que es perro viejo, sabía que el martillo de Thor no se haría esperar.
Cuando cogimos el asfalto en el Hotel Bruc Bananas, Vicente ya llevaba los huevos a reventar de mitocondrios y su cerebro hizo cortocircuito.
Ahí cogió la delantera y a tomar por culo los mitocondrios y la felicidad de éstos.
Mosquito tuvo que hacer un nudo en el estómago y ponerse a currar o lo perdía en la lejanía.
Y así me tuvo collado hasta la posada donde nos hincamos unas fresquitas y reconfortantes pintas.
Y un día más cumplimos como hombres en un mundo cada día menos varonil.
Auhhh, auhhh, auhhh.



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Bien.
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