
Salimos al atardecer.
Nada hacía presagiar lo que a Mosquito le esperaba.
Podía parecer una salida más.
Una patrulla nocturana más.
Pero pronto se desvelaría la verdad.
Pronto se desataría la bestia de la noche.
Cuando parecía que sería una patrulla por la zona de San Esteve de Sesrovires, de carácter pacifista.
Cuando las nubes del cielo de color negro nos asustaron por la proximidad del agua.
Entonces, Vicente se transformó.
Su maillot comenzó a rajarse.
Su Culotte se hizo girones.
Sus musculos se tornaron verdes.
Sus ojos predían como el fuego.
Su manillar parecían cuchillos súmamente afilados.
Todo su conjunto evolucionó hacia una nueva especie.
Una especie dominadora en la naturaleza.
Ya nada sería igual a su paso.
Las hierbas bajo sus neumáticos perecían ipsofacto.
Los terrones, las piedras se licuaban por el calor desprendido.
Los animales que osaban asomarse en sus madrigueras quedaban ciegos y a merced de otros depredadores.
Vicente había completado su metamorfosis.
Pasó de Niña a Mujer Biónica en un plis.
Y Mosquito...
Mosquito...
Mosquito sólo pudo llorar.
Llorar y sangrar como un cerdo en la matanza.
Como un cabrito en el matadero.
Ya nunca más sería feliz junto a su fiel escudero.
Su escudero ya no era una persona de carne y hueso.
A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a pasar despacio por tu casa.
No, si Vicente me acompaña.
No, si Vicente se ha transformado.
Imagen tomada por un radar en el punto kilométrico 3 de los senderos del Avi, al paso de Vicente, y a su estela, si os fijáis, podéis ver a Mosquito llorando...
Salíamos con la incertidumbre de que podríamos hacer hoy.
Vicente estaba algo maltrecho de una batalla del pasado que le generaba dolores.
Los BICIA2 nos invitaban a salir con ellos por el Norte.
De hecho acompañamos a estos bárbaros y a Darío de los Porrón Team, hasta el Plà del Fideuer.
Allí nos separamos, porque decidimos no acometer su ruta, a priori algo más exigente que la nuestra.
Pero resultó ser que nuestra ruta se convertiría en algo alucinante.
Desde hacía mucho no disfrutábamos tanto a lomos de nuestros rocines.
Una ruta made in Dioni que nos metió por senderos y trialeras jamás vistas.
Durante horas gozamos como nunca de esta aventura.
Almorzando hasta nos dimos cuenta de que hacía fresco.
Incluso los Dolores de Vicente pasaron a segundo plano.
Las babas que bajaban por la comisura de nuestras bocas pasaron a primer plano.
Nos quedamos sin palabras al culminar la etapa.
Esperamos repetirla en muchas ocasiones para seguir gozándola.
MTB auténtico, el que te deja con un sabor de boca inigualable...